Con un té negro con canela inauguro este nuevo texto, y desempolvo así el blog, que tanto me ha acompañado a lo largo de los años. Hoy regreso a él, curiosamente, porque me siento triste, y sé, ya certeramente, que escribo para verter las lágrimas que no lloro, al menos casi siempre. Hace tiempo me quejaba de ello; hoy, sin embargo, me reconforta saber que puedo grabar la pena como gofra el encuadernador las cubiertas de algunos libros. Para que no se me olvide, prefiero dejarlo escrito: "estoy haciendo un duelo". Para que no se me olvide, digo, porque a veces mi pena queda envuelta en una cortina de lino que, por suave, no percibo como lo que es: la capa que me separa de la tristeza que me habita. Y a veces, muchas veces, estoy contenta. Hasta muy contenta. Pero otras, muchas otras, se me enciende una urticaria en el pecho y mi estrés se dispara. O me disparo yo. Y me disparo porque no me siento segura en mí misma. ¿Cómo es eso? No me siento segura en mí porque no sé accede...
Buscar este blog
No me llames Sylvia Plath
Bienvenida, desde tu mundo, a este rincón del mío.
Entradas
Última publicación
Entradas más recientes
Los ojos al frente
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
El entramado de los hilos que condensa la fragilidad de las patas
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
Es muy simple y no puedo negarlo
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
Quiero volver...
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones