jueves, 17 de agosto de 2017

Ojos tristes

Hay algo que me nace por dentro y que nada por el océano de mi inconsciente. Me susurra cosas que se llaman sueños, y su voz se ahoga en cuestión de segundos. Vuelve el silencio. Su aura se me antoja de un color que no conozco –no alcanzo a verla–; su aliento, su timbre... Tratan de responder a preguntas que todavía no sé hacerme. Me mira triste, a veces, como el niño al que no se hace caso, y baja la mirada tan rápido que no me da tiempo a seguir su pista... Pero se me queda el sinsabor de un abismo a medias, quizás solamente un vacío, al que por más que alguna vez llamo, jamás logro poner nombre.
No comprendo esta sinestesia. Trato de escucharte con los ojos, pero al clavar mi atención en tus pupilas, todo son preguntas. Me susurras muchas veces, cual alma perdida buscando refugio, y cuando giro mi cuerpo para escucharte atenta te vaporizas, te conviertes en niebla. Y no solo no te veo, sino que además me siento perdida. Podría darte la espalda de nuevo, como tantas otras veces, pero ¿cómo voy ahora a deshacerme de este grito ahogado con que pronuncias mi nombre? Resuena en mi cabeza como el eco que nunca resuelve, y me deja suspendida en una nada angustiosa de la que ansío salir con algo entre las manos.
Trato de abarcarte mirándome por dentro, y cuanto más me acerco a ti, más se difumina el negro manchando toda claridad con este incómodo silencio.

Quizás sea eso lo que me aguarda, o lo que me queda: silencio. O tal vez no seas tú la voz que dibuje mi siguiente paso (tal vez seas un mero aviso para seguir creando...), y sean otras bocas las que respondan a tu nombre. Quizás deba seguir preguntando hasta que por casualidad me tope contigo, y por fin podamos encontrarnos.

lunes, 14 de agosto de 2017

Te subiste al altar de Pérgamo
Y ahora navegas por el Hades.
Te pusiste un medallón al cuello
Que a mis ojos te queda tan grade
Que me da risa y cierto consuelo.

Tu mirada furiosa ya no tiene voz.
Tus gritos se diluyen en el vacío
De mis oídos, que ya no te escuchan,
Que ya no creen ninguna de las ideas
Que trataste de meterme a cuchilladas.

Te quedas en nada,
Nada que te mereces,
En la que te hundes
Cuando se cae
Tu armadura de latón.

Estás en los huesos,
Flaco de ideas, de sentimientos,
Mente vacía
Cuyo único intento es chupar
La vida del resto.

No tienes hogar
Porque nadie te recibe.


Yo, por mi parte,
Dejé de intentar entenderte,
Porque si algo he comprendido
Es que actúas
Sin que nada te mueva,
Salvo el sufrimiento.
Y yo me he liberado.
Ni tus palabras,
Ni tus brazos imponentes,
Ni tu primera imagen solemne
Traspasan mi piel impermeable;
Y tú, lluvia de vaciedad,
Solo has logrado hacerme
Más grande.
Más fuerte.
Más yo.
Y eso es lo que soy ahora,
Sin ti.
Llevo mis raíces a cada punto de la Tierra
Y me nutro del agua que acaricia el suelo,
Y al tiempo tengo alas que al volar despliego
Con un gesto amplio que no volveré a esconder.

No siento decirte Nada,
Ni el más duro de mis versos,
Y que caiga en ti,
Como el rayo que antecede al trueno,
La angostura
Que transmites con tu gesto.
Y que ese lecho de muerte
Sea tu último destello,
Una luz de cara oscura
que te ahogue en un intento,

como siempre,
de seguir haciendo daño.

Adiós, una vez más,
serpiente oscura que esconde sus colmillos.
Ya no robarás
la luz que soy y que en mí nace.
Tu peso se desvanece
con el amor que siembro
-el que un día me quitaste-...
Y no volverás a robarme el aliento.

Donde ayer entraste con aires triunfantes,
hoy te diluyes como arena en el desierto.

-Me calmo, en silencio-.


Ya no te siento
entre la luz de mis entrañas.


jueves, 20 de abril de 2017

Mindfulness

Espera, pequeña, no reacciones. Date un segundo para observar lo que ocurre. ¿Lo notas? ¿Sientes su flujo? Te produjo estupor y creíste que se avecinaba tormenta, cuando tan solo es un río que te limpia por dentro. Deja que te bañe, sin más, aunque las aguas parezcan bravas y la corriente incontrolable. El río, este río, fluye por dentro, y no te puedes ahogar. Solo mójate las manos. ¿Ves cómo el agua fresca no da miedo? Se ve tan violenta desde lejos... Pero al acercarse, se puede percibir su cristalinidad de nuevo. Y es el mismo agua de siempre, con otra apariencia.
A veces, querida, nos asustamos ante el mero contraste. Lo seco y lo mojado, lo quieto y lo dinámico... Pero la vida es movimiento, constante, a veces sutil y otras veces notable. Tú, yo, nosotras que quizás somos la misma, somos también parte del flujo. Ahora pareces un poco encogida porque el miedo ha provocado que escondas tus antenas, y has obviado que tu reacción, tan inmediata, es igual de rápida que las aguas que corren. Pero estate tranquila, porque ellas no son tú, ni yo, ni nadie. Suceden, como todo. Pero no son tú.
Tienes miedo a ser el miedo. Tienes miedo a correr con bravura, a arrasar con tu sentir cualquier centímetro de vida. Los árboles, las plantas, la biosfera... "¿No es acaso todo tan bello en su quietud?", piensas. Claro, claro que lo son. Pero quietos son un rato porque luego, después, se mueven, y ese contraste tan natural del que no nos percatamos no es si no parte de esa misma vida, la que tú amas. Solo crees que viene algo distinto y ante la idea de la pérdida, te refugias en una nueva posición. Pero estate tranquila, caracol, pequeña fuente de amor, vida y sueño, que las aguas bravas, el viento fuerte, los arroyos y las brisas son, en esencia, la misma cosa, y no por ello debes temer, porque la raíz del río es el agua y la de la brisa, el viento, y ellos, te lo prometo, no van a desaparecer. La vida siempre es vida con todas y cada una de sus caras; por eso quieta, tranquila, y observa. Que el viento siempre es viento y como tal lo siente tu cara, que tus manos, siempre hermosas, percibirán igual el agua.



"Alzar lo que te gusta contra lo que te disgusta
Es la enfermedad de la mente".

Hsin-Hsin-Ming

sábado, 4 de marzo de 2017

Gatas y gatos

Estos editores de bolsillo sin nada en sus bolsillos,
que vagan caminantes por las calles de Lavapiés
bendiciendo a la pluma y maldiciendo al tercer brazo
que les sale a los hijos del mundo del revés.
Contábanos ya Eduardo Galeano en sus escritos
viejo, consumido y lleno de vida al mismo tiempo,
que aquí, en este mundo que se nos cae a cachos
estamos construyendo un progreso vacío y vano.
¿Eduardo Galeano?
Qué sé yo, este viejo genio dijo muchas cosas,
no me vengan con que si cuentos o verdades.
Yo ya, que me quedan muchos días,
vago por aquí mirando libros.
Manos vacías,
bolígrafo sin tinta y papel mojado.
Y muchas cosas que decir, no miento,
con el cuerpo tan callado
que me da igual -en serio-
lo que salga de este cuerpo.

Como iba diciendo, pequeños vecinos sin cabeza,
yo, perdedora del azar, siempre observo pretenciosa
el espacio entre la acera y la calzada.
¿Y tú, qué me dices? ¿Límite de lo legal?
Disculpa mi osadía, pequeña línea de lo cívico y lo urbano,
que yo me muevo por estas calles sin rumbo,
y permíteme hacer algo ilegal de mi vida y de mi mundo.
A contracorriente, sí, como los locos.
Ni tercer brazo,
nihilismo de café,
mirada siempre al cielo...
Estoy loca -lo dije-, y lo sé,
pero de veras que tus límites,
a mí, rara es vez en que me importan.

Miro con desdeño, porque ¿para qué?
Ni comprendo la esperanza de quien la tiene,
ni por qué yo perdí la mía,
ni sé, aparte de mis pies, dónde está el pilar
con que se camina.
Yo, que perdí la cabeza -y siento repetirme-,
gata de tres patas,
de pluma siempre en mano,
mirada observadora,
ya les dije que ni sé adónde voy
ni cómo demonios me trajo aquí el mundo.
Así que en este no entender nada,
me doy licencia de un segundo
para irme y volver un rato,
a caminar, por la calle del Olivar,
como estos amantes de libros que osan
manipularlos a capricho del cliente,
muchos sin pluma, a veces sin libro,
algunos sin gente,
y nada en los bolsillos.
Me voy, que en la calle del Sombrerete
me espera una calzada en la que
posar mis pies remotos,
y a robar el siguiente banco,
-los hay de muchos colores-,
que me espera al Sol para bañarnos en gozo.

martes, 14 de febrero de 2017

Sketchbook

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Did you notice that? It is always difficult not to perfect something. A new idea comes. The rubber activates. "My first thought is not valid anymore", wispers my mental wind. It has already been replaced by another one. Mental flow. They come, you feel the ilussion of their eternity and right after that, they go away.
Mind is an ilussion of life. We are constanly dreaming. Watercolours falling through the paper of our time. Nothing produces more impact than our own insignificance. Might life be an ilussion of my mind?
Sometimes.
Then I come back to reality and feel my emptiness again.