Esta noche, una hora más pronto, vuelvo a las andadas. Se me hace francamente raro tras un año de improvisación indigna de ser publicada.
Hoy el día anduvo mejor. Algo más animado, aunque sin presumir al principio; cuanto más avanza la jornada, más difícil resulta engrasar los ejes y ponerse a trabajar con decisión. Pero todos los esfuerzos, hasta los más minúsculos, han merecido la pena.
Estoy verdaderamente cansada, y no me extenderé demasiado.
Ayer mencionaba la idea de ser más paciente conmigo misma. Hoy la corroboro. Saber tratar lo que a una le pesa con gentileza y liviandad nutre el alma y despeja el camino. Abre la posibilidad de lograr algo nuevo.
También, y en esto llevo varios días, he recordado el poder de respirar sin hacer nada.
Y la electrizante Tocata Op. 11 de Prokofiev.
Mañana, quizás, pensaré en algo distinto. Y, quizás, otras voces tarareen.
Me deseo una linda noche.
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