Los ojos al frente
Un título como este me pone el camino más fácil para no darme la vuelta, aunque no pueda, aunque no deba. A veces un mirlo me susurra por la espalda y me acuerdo de canciones tan hermosas que me atrapan como cantos de sirena. Después de unos instantes vuelvo y mi mirada se fija, y recuerdo que los mirlos son negros y que el mío tiene las alas rotas, de momento.
Ah… mi querido mirlo… He besado tantas veces tu piquito naranja que un día te cambiará de color y a mí se me teñirán los labios. Te he dado mil vueltas entre mis manos de carne y hueso para conocer y reconocer tus heridas. Y les puse nombre, no creas; ahora ninguna me es ajena, pero para variar me siguen sorprendiendo. No me enfrío, no me desentiendo. Cada vez que veo tu dolor me estremezco y me repliego, y te abrazo en mi cabeza con tanto amor que a veces, incluso, te me pones bueno. Y echas a volar. Con mis manos te toco, te acaricio, te cuido sin recursos de veterinario y con toda mi alma, como si mi deseo ferviente de que sanes hiciera pasar más rápido el tiempo y tus heridas cicatrizaran en un parpadeo.
Quiero mecerte entre mil nanas. Que te sanen los cantos, las escalas de Falla, los sueños populares, el amor de todas las madres y el verde de la Tierra. Que te haga volar la vida, con el viento, entre las ramas… No veo el momento en que despidas a tu pose acurrucada y saltes al vacío para no caerte y te revuelques en ti mismo y en tus asombrosas piruetas… Que te vea el cielo cómo vuelas, ¡mirlo querido! No temas por lo que viene porque rápido te echarás sobre ello como los peces al romper las olas.
Yo sé que te duele cuando toco, pero no soy yo, te lo prometo. El azar de la vida me posee las manos para averiguar cómo estás por dentro y a veces toca donde no debe, o demasiado pronto, o demasiado fuerte. No es adrede, mirlito mío, no es para hacerte daño, aunque duela. Estos escozores de la vida pasan tan volando como tú cuando te cures. Ahora descansa, que yo te abrazo con mi mente y tus heridas se quedarán dormidas en un santiamén, tan rápido que todavía seguirás tú despierto.
Descansa, mirlito mío… Para sanar por fuera hay que sanar por dentro.
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