"Buenas noches", me saludo.
Mis entrañas han dejado de removerse incómodas hace poco. Ha sido aliviador. Desde hacía unos días me afligía un malestar en el torso, cercano al estómago, que en los ratos de mayor quietud resurgía del silencio como un lodo voluminoso y muy, muy molesto.
De hoy agradezco unas cuantas cosas (sin extenderme): mi terraza, mi desahogo momentáneo y contenido, la conversación con mi paloma blanca, que me ha devuelto paz y humanidad en acto y en potencia; un e-mail con igual dosis de pedagogía y dulzura, una escucha muy valiosa, un jardín que tiene conciencia de lo hermoso que es; un cuadro que, lleno de vida y color, ha dado la bienvenida al recién llegado mes de mayo.
Me quedo y me abrazo, hasta mañana, con y al deseo de ser más amorosa conmigo..., ingrávido y gentil, como una pompa de jabón.
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