Quiero volver...
Hace mucho que no poso las manos sobre este teclado. Me he olvidado de escribir, y ni siquiera fluyo al tacto de mis dedos. Cada frase se convierte en un mundo de dudas que me asaltan cual barco de piratas, que me frenan en seco un flujo de ideas que yo creía ininterrumpible si no era por mí. Últimamente no sé qué me deparo, ni qué devengo. Me he olvidado de mí misma. Mi cabeza está confundida, vive entre dudas y mareas que suben y bajan sin tregua, y he caído en el no ser de mi ser creativo. O quizás en la rutina de no expresarme, simplemente.
Nada me gusta.
Nada está bien.
Nada va por donde "tiene" que ir.
Soy una mente obsesiva.
(Hace una pausa)
Tengo -rectifico- una mente obsesiva. Obsesivamente perfeccionista hasta donde ya he llegado aquí.
La cuestión es qué demonios está siendo de mí más allá de esto.
Me doy rabia. Porque me juzgo, porque me piso, porque me atenazo con mil cuerdas de esparto que flagelan, a la mínima, mi espalda. Porque me sostengo sobre el limbo del control, y cada vez que mis pies resbalan, me suda cada átomo del cuerpo casi como si fuera a derretirme en el vacío.
Me duele el pecho.
¿Es cierto que hay que pasar las crisis? Esta no es agradable porque no puedo meterme en mí como el joven artista de Rilke, que en su mundo, y solo en su mundo, encuentra el manantial con el que nutrir sus versos.
Yo quiero rajarme. No por odio, esta vez, sino porque cargo conmigo un peso, o un dolor (un no sé qué) que no es mío, y siento mis energías subyugadas a su antojo de aparecerse en mi centro.
Quiero gritar. Mi aliento es un humo negro, un tufo putrefacto que al salir, libera la condensación del vertedero.
Sí, dije vertedero.
Vertedero.
Con una pala sacaría mi mierda, o la mierda que sin ser mía, llevo pegada como una lapa, para colmo, victimista.
¿He mencionado que siento rabia? ¿O quizás lo habré dejado caer?
Ante la duda, lo evidencio.
Grita hacia dentro.
Debería poner en marcha un contador para saber los instantes que me quedan antes de implosionar. Porque mi cuerpo, y le doy las gracias, sigue haciendo esfuerzos por sostener este alma que, seguro, debe de pesarle tanto... ¿Cómo lo hará?
Si pudiera liberarme de algún modo, quizás dejaría de sentirme como una casa destartalada. Ni (en tanto que casa) puedo hospedar a los huéspedes que la vida me trae, ni puedo desaparecer bajo mis propios escombros. Ni me caigo, ni camino. Ni puedo, ni lo intento. Ni, ni.
Quiero darme la oportunidad de superarme. De aprender y crecer poco a poco, como las plantas; de ser sensible al temporal, de nutrirme con la lluvia y con el Sol..., de moverme con el viento. Me siento estancada y sin raíces. Sin casa y atada al suelo.
Musita:
-Quiero volver a ser yo.
Nada me gusta.
Nada está bien.
Nada va por donde "tiene" que ir.
Soy una mente obsesiva.
(Hace una pausa)
Tengo -rectifico- una mente obsesiva. Obsesivamente perfeccionista hasta donde ya he llegado aquí.
La cuestión es qué demonios está siendo de mí más allá de esto.
Me doy rabia. Porque me juzgo, porque me piso, porque me atenazo con mil cuerdas de esparto que flagelan, a la mínima, mi espalda. Porque me sostengo sobre el limbo del control, y cada vez que mis pies resbalan, me suda cada átomo del cuerpo casi como si fuera a derretirme en el vacío.
Me duele el pecho.
¿Es cierto que hay que pasar las crisis? Esta no es agradable porque no puedo meterme en mí como el joven artista de Rilke, que en su mundo, y solo en su mundo, encuentra el manantial con el que nutrir sus versos.
Yo quiero rajarme. No por odio, esta vez, sino porque cargo conmigo un peso, o un dolor (un no sé qué) que no es mío, y siento mis energías subyugadas a su antojo de aparecerse en mi centro.
Quiero gritar. Mi aliento es un humo negro, un tufo putrefacto que al salir, libera la condensación del vertedero.
Sí, dije vertedero.
Vertedero.
Con una pala sacaría mi mierda, o la mierda que sin ser mía, llevo pegada como una lapa, para colmo, victimista.
¿He mencionado que siento rabia? ¿O quizás lo habré dejado caer?
Ante la duda, lo evidencio.
Grita hacia dentro.
Debería poner en marcha un contador para saber los instantes que me quedan antes de implosionar. Porque mi cuerpo, y le doy las gracias, sigue haciendo esfuerzos por sostener este alma que, seguro, debe de pesarle tanto... ¿Cómo lo hará?
Si pudiera liberarme de algún modo, quizás dejaría de sentirme como una casa destartalada. Ni (en tanto que casa) puedo hospedar a los huéspedes que la vida me trae, ni puedo desaparecer bajo mis propios escombros. Ni me caigo, ni camino. Ni puedo, ni lo intento. Ni, ni.
Quiero darme la oportunidad de superarme. De aprender y crecer poco a poco, como las plantas; de ser sensible al temporal, de nutrirme con la lluvia y con el Sol..., de moverme con el viento. Me siento estancada y sin raíces. Sin casa y atada al suelo.
Musita:
-Quiero volver a ser yo.
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