Una sonrisa honda se dibuja lentamente entre mis orejas.
¡Cuánto tiempo!
Y qué tiempo tan grato.
Me he acordado de ti mil veces, preguntándome: ¿por qué no escribo? Y, seguido el silencio, me he percatado una y otra vez de que sea como sea, me encuentro tan bien que ahora que me acerco a ti me siento renovada. Hace años, o mejor dicho, durante años me asaltó la pregunta constante de cómo serían mis letras de no hallarme sumida en un pozo, con angustia incluso, como con temor a perder mi escribir junto con mi malestar continuo. Por fortuna, el tiempo, mi crecer y mi actual calma me han respondido de manera sorpresiva, y gracias a ellos he visto que, en efecto, escribir, caminar, darse una ducha o un paseo son una decisión como tantas otras, como también una puerta abierta a esta parte de mí que hasta ahora no he acostumbrado a poner en palabras.
Qué tranquila me siento (creo que ya te lo he dicho). Parece que reposo dentro de mí misma, como si flotara... No es que "haya vuelto" a ser yo. Es que soy yo como no lo había sido antes. Es hermoso, ¿verdad? Firmar con una misma un acuerdo de paz y humanidad, y cumplirlo, y atenerme a este como a una hoja de ruta. Ahora camino y piso suelo, y así lo siento. Y si no veo, no pasa nada: tengo echadas raíces y me nutro de cada lugar al que voy. Por eso confío y viajar merece tanto la pena. Y por eso puedo decirlo abiertamente: hoy me quiero, y espero que para siempre.

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