Un poco de Mindnight in Paris (Hemingway y el protagonista).

-Soy Hemingway.
-¿¡Hemingway!?
-Le ha gustado mi libro.
-¿Gustarme?¡Me ha encantado, toda su obra!
-Sí... Era un buen libro, porque era un libro veraz. Eso hace la guerra con los hombres. No hay nada de bueno y noble en morirse en el lodo, si no mueres con dignidad. Y entonces no sólo es noble, sino valiente. ¿Le gusta Mark Twain?
-Sí, soy un enorme admirador de Mark Twain, creo que hasta puede decirse que toda la literatura americana moderna proviene de Huckberry Finn.
-¿Boxea?
-No, no. Bueno... Vale, la verdad es que no.
-¿Qué escribe?
-Una novela.
-¿Sobre qué?
-Sobre... un hombre que trabaja en una tienda de nostalgia ¿sabe?
-¿Qué coño es una tienda de nostalgia?
-Un sitio donde venden cosas viejas. Y resulta que... ¿Suena muy horrible?
-Ningún tema es horrible si la historia es veraz., si la prosa es limpia y honesta y si manifiesta valor y elegancia bajo presión.
-Oiga, le pediré el mayor favor del mundo.
-¿Qué es?
-¿Podría leerla?
-Su novela.
-¡Sí! T... Tiene 400 páginas y estoy buscando... en fin, busco una opinión.
-Mi opinión es que la odio.
-¡Pero si ni siquiera la ha leído!
-Si es mala, la odio. Odio la mala literatura. Si es buena la envidiaré y la odiaré más. No pida la opinión de otro escritor.
-Sí... Lo que ocurre, verá, es que me cuesta muchísimo fiarme de que alguien me ha evalúe...
-Los escritores son competitivos.
-¡Ay! Yo no seré competitivo con usted.
-Se está anulando, eso no es de hombres. Si es escritor, ¡diga que es usted el mejor escritor! Pero no lo será conmigo aquí, o ¿prefiere discutirlo en el ring?
-No, yo no.
No voy a leer su novela, pero ¿sabe qué haré?
-¿Qué?
-Se la pasaré a Gertrude Stein.
-¿¡Qué!?
-Sólo me fío de ella con is novelas.
-¿¡L...Le enseñará mi novela a Gertrude Stein!?
-Démela.
-Sí, claro, se la traeré.
-Mañana, cuando vuelva de España.
-Genial. V... Voy a buscarla. No sabe... no sabe lo emocionado que estoy... Esto me ha dado tal sacudida que mi corazón late a cien por hora, venga, voy por ella.


-La misión era tomar la colina. Éramos cuatro, cinco contando a Vicente, pero había perdido una mano al estallar una granada y no podía luchar como lo hacía cuando le conocí. Era joven, y valiente, y la colina estaba encharcada de tanta lluvia, y el camino descendía, y había muchos soldados alemanes, y se trataba de apuntar al primer grupo y con puntería acertar y retrasarles.
-¿Tenía miedo?
-¿De qué?
-De que le mataran.
-No escribirá usted bien si tiene miedo a morir. ¿Lo tiene?
-Sí, lo tengo. Yo diría que es... quizá mi mayor miedo, realmente.
-Es algo que le ha pasado a todos los hombres y a todos les pasará.
-Lo sé, lo sé...
-¿Ha hecho el amor con una auténtica gran mujer?
-La verdad es que mi novia es bastante sexy.
-¿Y cuando hace el amor con ella siente una pasión bonita y veraz y al menos en ese momento pierde el miedo a la muerte?
-N... No, no suele ocurrirme.
-Creo que el amor que es veraz y real crea una tregua con la muerte. La cobardía viene de no amar o no amar bien, que es lo mismo, y cuando el hombre que es valiente mira cara a cara la muerte como cazadores de rinocerontes que conozco, o Belmonte, que es valiente de verdad. Como aman con suficiente pasión apartan a la muerte de su mente hasta que vuelve como hace con todos los hombres, y es hora de volver a hacer el amor de verdad. Piénselo bien.


-Woody Allen

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