Un instante, una vida.
Y es que es increíble cómo los llantos vuelven con una imagen o con una simple oración.
Ya no puedo hablar porque te llevaste mi aliento.
Y vuelvo a llorar al pie de una guitarra.
Es increíble cómo he podido desprender tantos recuerdos en forma de lágrima en un instante.
Ya no puedo mirar hacia delante sabiendo que te has quedado atrás.
No puedo retroceder para buscarte, pues aunque en tu busca fuera tiempo atrás, nunca te encontré.
Tu olor se lo ha llevado el viento con sus silbidos, al igual que mi mirada la brisa del mar.
A veces me paro a observar las fotos que nunca te hice, recordando así tu sonrisa y volviendo a llorar.
Y sé que tengo a más gente, que no estoy sola... Pero ya nada es suficiente si tú no estás.
Y vuelvo a llorar al pie de una guitarra.
Cierro los ojos.
Me imagino un mundo donde puedo sentir tus palabras.
Me armo de valor para abrirlos con la esperanza de seguir soñando.
Pero cuando mis párpados se separan... Me doy cuenta de que todo ha sido en vano.
Me convenzo para formar un mundo dentro de mi cabeza, sin que nadie pueda sospechar de mi tristeza.
Pongo música, e intento no escuchar el silencio.
Pero éste puede más que tanta melodía.
Me he dado cuenta de que echarte de menos forma parte de mi día a día.
Rodeo con mis ojos la sala vacía en la que me hallo en busca de alguien invisible que me pueda estar mirando.
Y me percato de que mis ojos sólo pueden percibir tu ser.
Si no te veo, el mundo está vacío, al igual que la sala donde me encuentro.
Recuerdo tu última mirada.
Sensible y triste tras ese adiós definitivo.
Aunque quién sabe, el destino es impredecible. Eso me decía yo antes de conocerte.
Ahora creo que todo está marcado.
Eres como un tatuaje, llegaste a mí en un instante, pero el dolor que me ha causado tu marchar se quedará bajo mi piel para el resto de la eternidad.
Enciendo una lámpara y espero a que ésta alumbre mi vida.
Tras unos minutos perdidos, reflexiono.
Me vuelvo a dar cuenta que ni el Sol tiene suficiente luz como para alejar ese vacío.
Miro la hora.
El tiempo pasa tan despacio desde que se apagó tu voz...
De repente, siento un escalofrío. Sonrío.
Me giro, y estás tú.
Parpadeo.
Cuando vuelvo a abrir los ojos, te has esfumado.
Tardaste lo mismo en llegar que en marcharte.
Todo fue un abrir y cerrar de ojos.
Todo fue un sueño.
Extrañada me pregunto: Si fue un sueño, ¿por qué permanece cada instante en mi cabeza?
Quizás sea porque las cosas más bellas no se ven con los ojos; se sienten en el corazón.
Pero no.
No ha sido un sueño.
Lo que ahora permanece en mí... Es un recuerdo.
Es lo único que me ha dejado aquel adiós.
Tengo miedo de no volverte a ver.
Pero tengo más miedo de volver a verte.
Ya no puedo hablar porque te llevaste mi aliento.
Y vuelvo a llorar al pie de una guitarra.
Es increíble cómo he podido desprender tantos recuerdos en forma de lágrima en un instante.
Ya no puedo mirar hacia delante sabiendo que te has quedado atrás.
No puedo retroceder para buscarte, pues aunque en tu busca fuera tiempo atrás, nunca te encontré.
Tu olor se lo ha llevado el viento con sus silbidos, al igual que mi mirada la brisa del mar.
A veces me paro a observar las fotos que nunca te hice, recordando así tu sonrisa y volviendo a llorar.
Y sé que tengo a más gente, que no estoy sola... Pero ya nada es suficiente si tú no estás.
Y vuelvo a llorar al pie de una guitarra.
Cierro los ojos.
Me imagino un mundo donde puedo sentir tus palabras.
Me armo de valor para abrirlos con la esperanza de seguir soñando.
Pero cuando mis párpados se separan... Me doy cuenta de que todo ha sido en vano.
Me convenzo para formar un mundo dentro de mi cabeza, sin que nadie pueda sospechar de mi tristeza.
Pongo música, e intento no escuchar el silencio.
Pero éste puede más que tanta melodía.
Me he dado cuenta de que echarte de menos forma parte de mi día a día.
Rodeo con mis ojos la sala vacía en la que me hallo en busca de alguien invisible que me pueda estar mirando.
Y me percato de que mis ojos sólo pueden percibir tu ser.
Si no te veo, el mundo está vacío, al igual que la sala donde me encuentro.
Recuerdo tu última mirada.
Sensible y triste tras ese adiós definitivo.
Aunque quién sabe, el destino es impredecible. Eso me decía yo antes de conocerte.
Ahora creo que todo está marcado.
Eres como un tatuaje, llegaste a mí en un instante, pero el dolor que me ha causado tu marchar se quedará bajo mi piel para el resto de la eternidad.
Enciendo una lámpara y espero a que ésta alumbre mi vida.
Tras unos minutos perdidos, reflexiono.
Me vuelvo a dar cuenta que ni el Sol tiene suficiente luz como para alejar ese vacío.
Miro la hora.
El tiempo pasa tan despacio desde que se apagó tu voz...
De repente, siento un escalofrío. Sonrío.
Me giro, y estás tú.
Parpadeo.
Cuando vuelvo a abrir los ojos, te has esfumado.
Tardaste lo mismo en llegar que en marcharte.
Todo fue un abrir y cerrar de ojos.
Todo fue un sueño.
Extrañada me pregunto: Si fue un sueño, ¿por qué permanece cada instante en mi cabeza?
Quizás sea porque las cosas más bellas no se ven con los ojos; se sienten en el corazón.
Pero no.
No ha sido un sueño.
Lo que ahora permanece en mí... Es un recuerdo.
Es lo único que me ha dejado aquel adiós.
Tengo miedo de no volverte a ver.
Pero tengo más miedo de volver a verte.
Es lo más bonito que he leído en mi vida...¿Me dejas que lo ponga en mi tablón? Diciendo que es tuyo,claro :)
ResponderEliminarDios... ¿En serio? Quizás todavía no hayas leído lo que escribes. Claro que lo puedes poner, todo tuyo. =D
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