Envidia hacia lo imposible.

Vosotras, la que apenas me conocéis, Mika, Rocío, Lara, Elena... Realmente no sé lo que siento por vosotras, si admiración, envidia, aprecio... Me siento una hormiga al lado de vuestros enormes corazones. Me hacéis llorar más que el mismísimo Bécquer. Eso, eso... Eso no lo puede hacer nadie. Nadie excepto vosotras. Aún sigo soñando con que os intereséis lo más mínimo por mí, y un día me digáis: -¿Qué tal si nos perdemos por Gran Vía?-.  Vuestro querido Madrid. Sí, es vuestro, y sólo vuestro. Vuestras hermosas palabras se han hecho con él. Ni Sabina con su "Pongamos que hablo de Madrid". Y sé que nunca os llegaré a la suela de los zapatos. Es más, si me molesto en intentarlo alguno de vuestros textos me pisará el nombre. En serio, no sabéis... siquiera os imagináis lo ridícula que me siento a vuestro lado. Y lo peor es que ninguna de vosotras se molestará en romperse los ojos con este horrible texto. ¿Qué más da? Vosotras ya lo tenéis todo. A mí también me tenéis. El problema, yo no os tengo a vosotras, pues vuestros inmensos corazones están abarrotados de tanta belleza que ya no queda espacio para una mierda de desgracia como yo.


Sólo y únicamente os pido que algún día de vuestras perfectas vidas os molestéis en saber que existo.

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