Todavía recuerdo la palabra Japón.

Ha pasado mucho tiempo
y aún tengo ganas de llorar
si siento gritos de rabia y escarmiento
al saber que "Fukushima" podía estallar.

Esta noticia se la llevó el viento
y aún así no disminuye mi pesar,
pues aunque veo el tiempo pasar
tanto dolor me ha secado el aliento.

Por todos aquellos cuyo corazón ahora palpita en un lugar desconocido, aún recordando, con mucha fuerza, aquel destello de luz que alumbró su vida: la felicidad. Una sonrisa vale más que mil lágrimas.

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