Ui, qué tarde es.

Los pies apoyados en la cama,
la guitarra, tirada en el suelo.
Y así de homogéneo transcurre el día
mientras yo me intento deshacer de tus recuerdos.

Intento sacar algún acorde,
pero las cuerdas, recién puestas, suenan a rotas.
Hasta mi guitarra conmigo está borde,
sin dejar atrás que a mí me tiene harta.

Me pregunto, una vez más,
si tú aún puedes recordar mi nombre.
En mi imaginación te busco por las calles de una cuidad,
y cuando te vas, el viento te otorga tu ya olvidado perfume.

La luna me desvela tu indiferencia ante mis secretos.
Y mientras, yo los grito en algún lugar del horizonte.
Me he podido percatar de que sordo te deja lo perfecto,
y claro, ahora no me extraña que tu perfección me asombre.

¡Míralo! Cómo disfruta.
Cómo disfruta mientras yo me muero.
Disfruta pudiéndome olvidar,
y yo me seco las lágrimas en una chupa de cuero.

Compasión, por favor,
que, más que quererte, malo no hice nada.
¿Cuándo entenderás que tal es mi dolor
que la vida muere y con ella mi alma?

Mírate. Eres un pájaro libre.
Y yo presa, presa de tus alas.
De tus besos, de tu sonrisa, y tu recuerdo,
de tu volar, de tu olvido y de tu alma.

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