Me prometí no volver a quererte.
No volver a sentirte, a recordarte, a soñarte.
Me prometí tantas cosas...
Tantas, que ninguna fui capaz de cumplir.
Sólo hice lo único que no me había prometido.
Quererte.
¿Por qué no he podido?
¿Por qué no soy capaz?
¿Por qué te quiero?
Me duele admitirlo, pero no lo sé.
Sólo sé que, aun no viendo el porqué de semejante amor, todo lo que en ti veo es perfecto.
Y no encuentro justificación para nada.

El tiempo vuela.
Y he derramado demasiadas lágrimas pidiéndole que pare.
Pero lo único que he conseguido ha sido otorgarle alas. Y viento en popa.
Y tú, con cada segundo, te has ido alejando más y más de mi vida.
Pero no de mi alma.
Allí sigues existiendo con la misma fluidez que el primer día que tuve el lujo de verte.
Y no sabes... no puedes ni soñar lo mucho que duele decirte adiós siendo consciente de que no te voy a volver a ver. Y que mi vida se va contigo.

He perdido la noción del tiempo.
Antes, contaba los días que me quedaban para poder gozar de tu presencia.
Ahora no puedo ni pensar los segundos que llevo sin verte.
Te echo de menos incluso cuando estás conmigo.
Por la sencilla razón de que literalmente NUNCA estarás conmigo.

Hoy, dormiré en una almohada de lágrimas.
O mi almohada dormirá en lágrimas. Da lo mismo.
Y creo que ella se ha acostumbrado antes que yo.


Por favor, VUELVE.

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