No sé qué poner de título.

El otro día, contando mis penas,
me di cuenta de que no sabía contar,
porque cada vez que intentaba contarlas,
me salían penas de más.

-¡Es imposible!-
Me decía una, otra y otra vez.
No podía ni pensar
el hecho de  no volverte a ver.

Y sentada aquí, en mi balcón,
siento, una vez más, el corazón negro.
Mi silencio canta tu soledad,
y sólo se oyen los gritos de un cuervo.

-¡Nunca más, nunca más, nunca más
volveré a quererte!
Porque, al igual que has sido la causa de mi vida,
también has sido la causa de mi muerte.-

Comentarios