Quiero fundirme con los árboles perennes.
Permanecer intacta al tiempo cambiante.
Quiero sentir el cielo vacío
Como siente la tortuga el agua del mar.

No quiero que aludan al oído virtuoso,
Que el ritmo y los compases no tienen importancia,
Que el yo permanece sustentado en cada nota.
La paz de las corcheas sólo puede ser efímera;
Los compases dispares no traen la libertad.

Quiero acabar el día en cadencia perfecta
Y olvidar hasta mañana la próxima, plagal.
Quiero aprender los silencios de redonda,
Callar este martirio y por fin desconectar.

Quiero mirar a los ojos de aquel que no llora sangre,
Perderme en el espejo de la prudencia.
Rasgar mi piel hasta pulir mis esquinas;
Que de mí sólo quede un recuerdo insustancial.

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