November Rain.
Llueve.
Las gotas se deslizan por el paisaje limpiando la contaminación de las calles.
Llueve.
Las calles están desiertas, y el silencio reina en ellas.
Llueve.
Las gotas de agua caen al compás produciendo una música imperceptible.
Llueve.
Las nubes lloran pidiendo un auxilio que sólo el Sol les podrá proporcionar.
Llueve.
En una esquina, apartada del mundo, se halla una chica.
Lee.
Y llora.
Se refugia en sus palabras y el edredón de su cama.
Sólo una lámpara ilumina su mirada perdida.
Llueve.
Las nubes se sienten comprendidas, pues, a pesar de ser tantas las que lloran, se sienten tan solas como la muchacha.
Llueve.
La chica cierra de un golpe el libro, y saca una libreta pobre y sucia.
Comienza a escribir.
Llueve.
Escribe cada una de las gotas de lluvia.
Sangra.
Y el bolígrafo también.
Tras unos cuantos versos, cesa.
Cierra el bolígrafo, y el cuaderno.
Llueve.
Los deja en su sitio.
Se levanta de la cama, con las sábanas pegadas a sus lágrimas para no enfriar su melancolía.
Llueve.
Se asoma a su ventana.
Observa las nubes.
Las entiende, pero no se lo puede decir.
Y tampoco sabe que aquellas a quienes mira pueden sentir su soledad.
Llueve.
La chica pega un grito.
Ni ella se oye.
Sólo tiene oídos para el silencio.
Llueve.
Saca una llave.
Se arranca el corazón.
Y con la llave, lo abre.
Rebusca entre sus sentimientos, pero no halla lo que quiere hallar.
Felicidad.
Lo cierra con llave y lo devuelve a su sitio.
Llueve.
Busca angustiada en los cajones de una cómoda.
Pero sigue sin encontrar nada.
Llueve.
Por última vez, regresa a su cama.
Y se da cuenta de que la felicidad se había diluido con las lágrimas de tanto llorar.
Recoge cada gota.
Y se bebe sus llantos.
Pero nada.
No hay sonrisas, no hay ganas.
No hay vida.
Llueve.
La muchacha, rendida, se tumba en su cama.
Se arropa.
Llueve.
En su boca se puede leer: -Lo siento, te he fallado. Otra vez será.-
Llueve.
Cierra los ojos.
Se sumerge en un océano de sueños, fantasía y libertad.
Se ahoga por un momento.
Y se percata de que ya no necesita respirar.
Nunca más abre los ojos.
La lluvia cesa.
Todo el mundo queda en paz, pues ella ya no forma parte del mundo.
Las gotas se deslizan por el paisaje limpiando la contaminación de las calles.
Llueve.
Las calles están desiertas, y el silencio reina en ellas.
Llueve.
Las gotas de agua caen al compás produciendo una música imperceptible.
Llueve.
Las nubes lloran pidiendo un auxilio que sólo el Sol les podrá proporcionar.
Llueve.
En una esquina, apartada del mundo, se halla una chica.
Lee.
Y llora.
Se refugia en sus palabras y el edredón de su cama.
Sólo una lámpara ilumina su mirada perdida.
Llueve.
Las nubes se sienten comprendidas, pues, a pesar de ser tantas las que lloran, se sienten tan solas como la muchacha.
Llueve.
La chica cierra de un golpe el libro, y saca una libreta pobre y sucia.
Comienza a escribir.
Llueve.
Escribe cada una de las gotas de lluvia.
Sangra.
Y el bolígrafo también.
Tras unos cuantos versos, cesa.
Cierra el bolígrafo, y el cuaderno.
Llueve.
Los deja en su sitio.
Se levanta de la cama, con las sábanas pegadas a sus lágrimas para no enfriar su melancolía.
Llueve.
Se asoma a su ventana.
Observa las nubes.
Las entiende, pero no se lo puede decir.
Y tampoco sabe que aquellas a quienes mira pueden sentir su soledad.
Llueve.
La chica pega un grito.
Ni ella se oye.
Sólo tiene oídos para el silencio.
Llueve.
Saca una llave.
Se arranca el corazón.
Y con la llave, lo abre.
Rebusca entre sus sentimientos, pero no halla lo que quiere hallar.
Felicidad.
Lo cierra con llave y lo devuelve a su sitio.
Llueve.
Busca angustiada en los cajones de una cómoda.
Pero sigue sin encontrar nada.
Llueve.
Por última vez, regresa a su cama.
Y se da cuenta de que la felicidad se había diluido con las lágrimas de tanto llorar.
Recoge cada gota.
Y se bebe sus llantos.
Pero nada.
No hay sonrisas, no hay ganas.
No hay vida.
Llueve.
La muchacha, rendida, se tumba en su cama.
Se arropa.
Llueve.
En su boca se puede leer: -Lo siento, te he fallado. Otra vez será.-
Llueve.
Cierra los ojos.
Se sumerge en un océano de sueños, fantasía y libertad.
Se ahoga por un momento.
Y se percata de que ya no necesita respirar.
Nunca más abre los ojos.
La lluvia cesa.
Todo el mundo queda en paz, pues ella ya no forma parte del mundo.
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