When The Love Falls.

El corazón se me encoge escuchando esta canción. Sin embargo, las lágrimas surgen de la nada llevándome a un lugar que ni ellas conocen. La muerte se acerca en forma de recuerdo. Mi nariz puede percibir su olor. Esta vez no viene con una guadaña.
Sus manos suaves pero desgastadas por los años sujetaban un ramo de claveles marchitos y una caja de bombones vacía. La capa negra que llevaba puesta dejaba sólo al descubierto sus labios, pintados de un rojo desteñido. Y volvieron a llorar las teclas de aquel piano negro. La muerte empezó a ser desteñida por sus propias lágrimas. Las flores, junto a ella y la caja sin bombones, cayeron al suelo sollozando. La capa negra que aparentaba su fuerza comenzó a desaparecer, eso sí, sin darme a conocer quién se escondía tras esas lágrimas.
Un dolor inimaginable me empezó a dibujar un nudo en el alma, rompiendo su forma de sonrisa. Los llantos acudieron a mí en buscade alguna salida. Y mis ojos se permitieron llorar, junto a mi corazón. La llamada muerte me abrazó. El tacto de sus manos me resultaba familiar, sin lograr reconocerlo. Mis lágrimas aumentaban, y cada vez me dolía más el alma. Pero no hallaba el porqué. El sonido lejano de aquel piano cambió. Las notas me dijeron su nombre -River flows in you-. Ella comenzó a caminar. También me sonaban sus pasos. Las lápidas, los nichos y las tumbas nos seguían con una mirada de muerte, dolor y preocupación. Pero ella pasaba desapercibida e indiferente, al igual que mi caminar. La oscuridad empezaba a sembrarse en cada esquina, y mi sombra se hacía cada vez más pequeña hasta dejar como único rastro las lágrimas que, procediendo de mí, iban acariciando el suelo. When The Love Falls regresó al piano, y su sonido iba aumentando con cada paso que dábamos la muerte y yo. La miré. Bajo sus labios salió una pequeña sonrisa que me deslumbró con la perfección que mostraba. Por un momento creí haberla visto antes. Me giré un instante. A lo lejos podía ver cómo el olvido se levantaba de su tumba y huía del cementerio con unos recuerdos que creía haber imaginado alguna vez. Y de un giro regresé al caminar. Mientras, ella seguía derramando lágrimas, volviendo blanca y negra la noche. Sus labios comenzaron a decir palabras mudas que ni el silencio era capaz de entender. Lenvanté la mirada. Ahí estaba, la luna. Romántica, soñadora, melancólica. También lloraba. Ésta me recordaba a sus ojos. Los ojos de la persona por la que casi muero.
La muerte cesó su caminar; yo con ella. Enfrente nuestra, una tumba. Intenté leer lo que ponía, pero no había NADA escrito. Extrañada, miré a la muerte. Sus manos empezaban a quitar su capucha y a descubrirla. Y, de repente, una fuerza me tiró al suelo y propicia óque llorara aún más. Me quedé sin habla. Ojos como la luna, lágrimas de cristal, dientes como perlas. No era la persona por la que casi muero, sino la persona por la que acababa de morir.
-El silencio es, a veces, la mejor forma de hablar.- Me dijo.
-Lo sé. Con sólo quitarte el capuchón me lo has dicho todo.
Y cierto fue. Ahí estaba, la persona que más amaba dándome dos opciones: morir con ella o vivir con su ausencia. Una pregunta retórica, al parecer, pues nada más sentir eso elegí la muerte.
Y allí me quedé, durmiendo en su tumba sin ella dentro.




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