Vivir en la mente.

No entiendo por qué ha pasado esto. Ni cómo, ni siquiera cuándo. No entiendo qué me llevó a ti ni qué es lo que no me deja irme. No comprendo la cremallera de mi pecho, que no existía antes y ahora está encerrándome como si fuera un candado, cuando el único grito que saldría de mi alma sería un "¡Sal!". Y frustración. Quiero irme. Quiero decirte adiós y no volver, quiero desangrarme en mi propia desesperación, pero tengo la tristeza aplastada entre dos puños. ¿Por qué guardo silencio cuando sólo quiero verlo marchar? Mis ojos se están derritiendo frente al espejo, mi yo se deshace a cada segundo y mi imagen, o lo que solía ser mi imagen, sólo se entiende como una masa indefinida de partículas que ya no se atraen. ¿Qué ha pasado cielo? ¿Qué ha pasado entre tú y yo para que el asco sea tan dulce como el cianuro? ¿De dónde sale el caballo negro? ¿De dónde esta dualidad platónica tan alejada de las Ideas? Hace poco nada de esto era cierto y yo podría haberte querido de la manera más pura, desde mi pulcritud, pero deberías irte tú... se ha apagado la vela y en mí no queda más que sombra. ¿Cómo he podido darte mi luz sin que ninguno nos diéramos cuenta?... Mi sangre es de impotencia porque yo era una flor y de mí solo has conocido un puñado de tierra... las sales existen y las llevo en mis venas, pero no sirven de nada si no puedo compartirlas. ¿Por qué te doy mi oscuridad y a éstas las hago mías?
Por eso vengo a pedirte perdón y a llorar mi decepción, mi fracaso ante mi propio yo. Porque ojalá vieras en mi reflejo algo más que muerte y ojalá pudiera dedicarte lo único bueno que me queda. Y en vez de eso, me has desnudado con tu benevolente superioridad, con todo aquello que yo creía ver tras el espejo y te has llevado por delante.
Ahora tengo que pedirte que te vayas. Sigue caminando, necesito tu ausencia para recomponerme, necesito encontrar los átomos que he ido perdiendo por un camino de radiación cósmica; he malgastado mi memoria, ya no recuerdo qué queda tras cada paso que doy, y delante sólo veo un vacío en el que sumirme. Quería haberte ofrecido lo mejor de mí, pero sólo me quedan cenizas. Si te quedas, no me iré. Si te vas, no te haré daño.

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