Te quiero tanto, querido,
que se me escapa de la boca.
Te quiero así, callado,
si mi cuerpo no te ha rozado,
si mi voz, como Neruda,
no te toca.
Te quiero tanto que me vuelvo loca,
y se lo digo a la luna,
que me mira como siempre,
blanca y nocturna,
y entre cráter y cráter
me da la razón.
Te quiero tanto, que a mi corazón
se le escapa la euforia,
asco de sociedad,
escombros de escoria...
Y, si te digo la verdad,
te quiero sin razón.
Te quiero sin juicio
porque la mente ya no me sirve,
y lo que parecía desperdicio,
ahora, latente, vive,
y en este absurdo declive
de sentimientos
que se juntan sin entenderse,
yo te digo que te quiero,
y que te querré siempre.

Comentarios

  1. En lontananza, en los dos últimos textos, se oyen los ecos de JRJ: Beethoven, la luna... la soledad sonora. Precioso este poema. Siga escribiendo, seguiremos leyendo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario