Yo me llamo Ralph.

Son las 23.20 de un domingo no cualquiera. Desde luego que es singular, porque hoy, más que nunca, quiero que sea sábado. Pero el tiempo es terco y no se deja convencer, así que tendré que seguir escribiendo sin motivación alguna porque mañana es lunes... dichoso lunes. El alemán debería estar saliéndome por las orejas, y también los estiramientos que no hago ni en educación física porque soy más vaga que los minutos en esos momentos en los que queremos que corran, ya que no hacen más que ralentizarse. Estoy terriblemente aburrida, y hacía ya un tiempo que mis dedos no pisaban las teclas de este ordenador moribundo. Los libros de texto me pegan bofetadas porque no sale de mí hacerles caso, y claro, ellos siempre tienen que ser el centro de atención. Debería seguir estudiando. Debería... Malditas sean nuestras obligaciones. De verdad os lo digo; no me gusta nada hacer cosas a la fuerza. Suerte que a veces coincide el "quiero" con el "tengo que", pero no es el caso, por desgracia... aunque supongo y doy más que por hecho que todo esfuerzo tiene su gratificación. Hoy he escuchado la 6ª sinfonía de Ludwig unas seis veces. No me canso. Y las 4 Estaciones, y los 21 nocturnos. Chopin es el dios del piano. Aunque Beethoven sea mi amante. Pero procuro ser objetiva. Diría mi marido, pero para mí el matrimonio no son más que papeles, iglesias o juzgados. Me casaré con alguien cuando decida compartir mi vida. No sé por qué os cuento esto. Y este texto debería estar lleno de puntos y apartes, porque nada tiene sentido ni relación. Édith Piaf tiene una voz prodigiosa. ¿No habéis escuchado Les Feuilles Mortes, La Vie en Rose, Milord, etc? Es demasiado. Y me voy a la cama que es tarde.
Siento las molestias, no recomiendo leer este texto (y como soy tan mala persona, lo pongo al final). Ah, y cuando mañana os levantéis sin ganas de vuestra cama, escuchad "Hoy puede ser un gran día" del maestro Serrat, y engañaros un poco. No soy pesimista. Adiós.

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