Puesto que hace mucho que no publico nada y me aburro, he aquí mis deberes de lengua.

Las hojas envejecen. Toda flor queda sumergida en la tristeza que poco a poco va llegando, empujada por los silbidos del viento. El color verde perece y su sepulcro, de color marrón, pasa a formar parte del paisaje. La soledad pinta las calles de silencio con pinceladas de frío. Las nubes, a su vez, le otorgan al cielo un toque gris. El sol pasa de ser lámpara a ser vela, y su luz se vuelve más tenue a medida que la noche gana la batalla. Y cuando ésta consigue que esa vela se esconda atemorizada por la oscuridad, los luceros que adornan el cielo vengan al sol. Pero tienen que alumbrar a demasiadas almas sin rumbo, y nunca son suficientes. De esta forma, llega la luna, sintiéndose necesitada. Y, otra vez, es escasa la alegría que contiene para hacer sonreír a tanta desolación. El calor se despierta, alarmado por la lucha silenciosa que tiene lugar en el cielo. Ya habiéndose percatado de que ocurre lo mismo que todos los otoños, regresa a su cama y duerme con serenidad, esperando que llegue la primavera.

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