sábado, 4 de marzo de 2017

Gatas y gatos

Estos editores de bolsillo sin nada en sus bolsillos,
que vagan caminantes por las calles de Lavapiés
bendiciendo a la pluma y maldiciendo al tercer brazo
que les sale a los hijos del mundo del revés.
Contábanos ya Eduardo Galeano en sus escritos
viejo, consumido y lleno de vida al mismo tiempo,
que aquí, en este mundo que se nos cae a cachos
estamos construyendo un progreso vacío y vano.
¿Eduardo Galeano?
Qué sé yo, este viejo genio dijo muchas cosas,
no me vengan con que si cuentos o verdades.
Yo ya, que me quedan muchos días,
vago por aquí mirando libros.
Manos vacías,
bolígrafo sin tinta y papel mojado.
Y muchas cosas que decir, no miento,
con el cuerpo tan callado
que me da igual -en serio-
lo que salga de este cuerpo.

Como iba diciendo, pequeños vecinos sin cabeza,
yo, perdedora del azar, siempre observo pretenciosa
el espacio entre la acera y la calzada.
¿Y tú, qué me dices? ¿Límite de lo legal?
Disculpa mi osadía, pequeña línea de lo cívico y lo urbano,
que yo me muevo por estas calles sin rumbo,
y permíteme hacer algo ilegal de mi vida y de mi mundo.
A contracorriente, sí, como los locos.
Ni tercer brazo,
nihilismo de café,
mirada siempre al cielo...
Estoy loca -lo dije-, y lo sé,
pero de veras que tus límites,
a mí, rara es vez en que me importan.

Miro con desdeño, porque ¿para qué?
Ni comprendo la esperanza de quien la tiene,
ni por qué yo perdí la mía,
ni sé, aparte de mis pies, dónde está el pilar
con que se camina.
Yo, que perdí la cabeza -y siento repetirme-,
gata de tres patas,
de pluma siempre en mano,
mirada observadora,
ya les dije que ni sé adónde voy
ni cómo demonios me trajo aquí el mundo.
Así que en este no entender nada,
me doy licencia de un segundo
para irme y volver un rato,
a caminar, por la calle del Olivar,
como estos amantes de libros que osan
manipularlos a capricho del cliente,
muchos sin pluma, a veces sin libro,
algunos sin gente,
y nada en los bolsillos.
Me voy, que en la calle del Sombrerete
me espera una calzada en la que
posar mis pies remotos,
y a robar el siguiente banco,
-los hay de muchos colores-,
que me espera al Sol para bañarnos en gozo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario