Ni argumento ni sentido.

Decidle a Debussy cómo me siento.
Hacedlo.
Con su Preludio para la siesta del fauno,
y Stokowski,
mientras muero.
Escuchad los susurros de las flautas,
suaves, tiernos, de corazón sincero.
Decidle a él cómo me siento,
decírselo mientras le rezo.

Me retracto. Yo no rezo.
Aquí rezan los que tienen fe,
los que creen.
A mí me mata la lógica
porque no la entiendo,
y el nihilismo me calma la sed.
Ay, el nihilismo...
Y Nietzsche.
Él me hablaba todas las noches
del llanto de los violines.
Y el triángulo, ¡el triángulo!
Metálico, discreto y resonante.
Llama la atención cuando canta,
y a mí, que grito,
me piden que me calle.

...aquí los compasivos son los que miran.

Yo no sé qué tengo,
no sé, yo no sé nada.
“¡Oh! ¡Es una ignorante!
Démosle la espalda.”

Pobre Debussy.
Pobre, pobre Claude.
Qué insulto a su música
que yo le esté escuchando.
Soy una hormiga ante su grandeza,
a los crescendos les tapan las nubes.
Y yo los miro desde el subsuelo,
y me duermo
cuando la intensidad disminuye.

¡Viva el surrealismo, señores!
Y la Rima I de Bécquer,
y la ineptitud de las palabras.
¡Viva el sinsentido, viva lo absurdo!
Buenas noches,
yo me voy a mi cama.

Comentarios

  1. Y viva Erik Satie y su oportuno humor:

    Falso nocturno

    La noche es silenciosa.
    La melancolía es enorme.
    El fuego fatuo perturba el tranquilo paisaje.
    ¡Qué pelma!
    Es el viejo fuego fatuo
    que tanto necesitaba venir.
    Volvamos a nuestro ensueño, por favor.

    Erik Satie; Cuadernos de un mamífero; Ed. Acantilado.

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  2. Ay, ay, ay. Satie. A veces pienso que ese hombre viene de otro planeta.

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