Sabina, te odio, te amo, me inspiras, blah blah. Y Mari Pili no se queda corta.
Eres un derroche, un malgasto
de perfección, de sensualidad.
Te busco, te busco y no te hallo,
y Madrid, también perfecto, deja de ser ciudad.
Pero tú eres inmune a sus encantos,
y correteas dejando como rastro
los besos que no has dado.
Y te siguen las palomas,
poseías por tu encanto,
el que tiras a la basura
porque ya no te sirve...
de nada. No te sirve de nada.
Y yo, mendigando tu prepotencia,
me encierro en las papeleras
buscando tu perfume,
que es lo único que las convierte en bellas.
El perfume que un día perseguí,
y hoy, todavía hipnotizada,
recolecto de entre la mierda
que yo misma he sembrado.
Y te marchas,
y regresas,
y me golpeas con la mirada.
Y me seduces,
me arrestas
y me llevas a una cárcel
donde tú eres los barrotes,
abarrotados de tu perfume.
Y yo, como una tonta,
me escapo para buscarte
entre las estrellas,
inconsciente de que tú eres el cielo
que las guarda.
Yo había pensado más en la poética de los Burning en Extraño en la ciudad, por ejemplo, pero supongo que es una cuestión de preferencias y referentes. Por otro lado, me viene a la cabeza una rareza donde las haya, Maldita cidade, de Emilio Cao, un arpista folk gallego que grabó ese tema para un programa infantil y juvenil de TVG: Xabarín club. No soy Joabinesco (con perdón de los fans), aunque parece obvia la influencia. Buen blog. Salud.
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