Pequeña pausa.

Odio los jueves por la tarde. Y no me importa lo más mínimo que hoy sea viernes. Me da igual el día, la semana, el mes. me da igual el tiempo, porque si no está, no hay nada significativo. Estoy harta de estos ruidos monótonos que no hacen más que estropear el silencio, cada vez más imprescindible. Podría escribir un poema, pero también me dan igual los versos. La monotonía es cada día más parecida, y necesito esa sensación, esas ganas de sentirme diferente, de ser diferente. Todo es gris, no hay color... y yo quiero sacar mi oscuridad a la luz, encerrarme en una capa invisible, y derretirme con su calor inexistente por el Paseo del Prado. Me siento surrealista, la realidad no me corresponde. El horizonte está cada vez más alto y más lejos. Me niego a hablar, por eso escribo. Las nubes están moribundas, y son tan tercas que no comparten su dolor. Quiero escapar, NECESITO escapar. Crecí en una jaula, y me enseñaron que volar era una enfermedad. Pero me niego, me niego rotundamente. Puede ser cobardía, inmadurez, llamarlo como queráis. Yo me excedo de lo normal, lo real, lo indiferente (aunque me dé igual). Solo quiero escapar, ser libre, ser. Necesito dar el paso, negarme a mis conocimientos, empezar en otro lugar, rehusar la mentira. Pero no nos engañemos. Tú no estás aquí dentro, no naciste aquí, ni siquiera en las proximidades. Tú eres libre, así que espero chocarme contigo en alguno de mis vuelos, porque si hay algo de lo que estoy segura, es de que tú me enseñaste que la libertad no estaba de adorno, y las alas servían para volar. Y sí, te echo mucho de menos.

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