Perdonad la ausencia. Me operaron de cuentitis aguda.

Retrocediendo en experiencia con el tiempo,
llorando por alegrías convertidas en daños,
bebiendo cada último trago sin aliento.
A Chavela Vargas no la cambian los años.
Sollozando cada nota del diapasón de una guitarra
sin percatarse nunca de que su sonido no es sino bello.
Brindando con extraños las noches de boda en la barra,
olvidando que la vejez tiñó de blanco su cabello.
Pintando la luna de miel completamente a ciegas,
rehusando la luz que las estrellas le ofrecen.
Haciendo olas constantes con su autoestima,
recolectando de tal océano la ignorancia de la que carece.
Buscando el olvido en el "te quiero" más reciente,
no mirando los noventa y tres como una maldita carga,
andando con cubata en mano en un bulevar dentro de mi mente.
Sí señores, sí. Ésta es y será la vida de Chavela Vargas.


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