Si me nombras, desaparezco.

Huis de mí con cobardía,
pues ignoráis mi belleza.
Con vosotros duermo cada día,
y me cogéis miedo, y os coméis la cabeza.
Sin embargo, yo no muerdo,
pues soy totalmente inofensivo.
No entiendo pues qué ocurre
con vosotros, qué ocurre conmigo.
Después de la música,
es a mí a quien elige la perfección.
Y cuando ya estáis dormidos
me cuelo para cantar en cualquier habitación.
Transmito todo cuanto
con mi ausencia desaparece.
Soy la tensión que inunda vuestras almas
si el habla, de repente, se desvanece.
Todo esto no son sino pistas,
y, si me escucháis, soy tan tierno como un "te quiero".
Pero dejemos de sembrar intriga;
me conoceréis mejor como el silencio.

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